DANZA CELULAR

Invoca a las memorias antiguas guardadas en el agua interna para recordarlas, sanarlas, haciendo fluir con tus movimientos su pureza cristalina. Penetra conscientemente en la cavidad oscura de tu útero que pulsa en la sexualidad sagrada y únelo al corazón que se llena y se vacía en la réplica humana del pulso cósmico. Lo que es arriba es abajo, lo que es adentro es afuera, micro y macro cosmos en el flujo celular que se mueve por todo el organismo…

Habla un glóbulo rojo en su viaje…

Soy una célula cósmica inmersa en el plasma transparente del Cielo, reflejado en el medio acuático de mi propio cuerpo. Soy irresistiblemente atraída en la corriente sanguínea por el llamado del corazón central. Veo su cavidad hueca esperando a que llegue, recibiéndome en su gran cuerpo y guiándome después hacia los canales arteriales que mueven la vida. Todo sucede a gran velocidad: entrar y salir al instante, girar a ciegas y pasar por la luz para asomarme a un exterior que sólo conoceré si me derramo en la sangre de luna, pero que el viento del espíritu me hace experimentar cada vez que me toca en los pulmones para limpiarme y purificarme.

Soy agua cálida y amorosa, al tiempo que una célula roja fluyente, llena de mineral y por tanto de memoria ancestral, capaz de portar y sostener en mi recorrido por todo el organismo el oxígeno y el espacio infinito que el viento me dio. En mi agua porto una burbuja transparente, una perla nutritiva que entregaré a cada célula, tejido y órgano, a cada espíritu que me aguarda para beber de mi pureza enriquecida por el aire.

Soy una simple mensajera, portadora también de la inmundicia que cada célula debe expulsar para poder conservar su equilibrio. Visito los filtros del cuerpo, el bazo, el hígado, los pulmones y, sobre todo, el riñón, para que esos mundos ayuden a purificar esta agua que me lleva a renovar la información y despertar mis memorias.

Así, voy y vengo de ese corazón, atraída, propulsada después, para visitar todos los mundos del ser humano, profundamente hermanada con toda la circulación de la vida en este adentro. Cada gota, cada perla de aire me conecta con un mundo. Somos muchas y son muchos los mundos que se mueven en perfecto orden atraídos por el corazón central e impulsados por él. Somos muchas las células circulando y movilizando la energía en este mundo y en este cuerpo danzante que formamos entre todas.

Cuando el ser humano al que pertenecemos respira, danza, moviliza, nosotras, las células que corren con las aguas, flotamos en una felicidad que pocas veces conoce la mente. Danzamos sin peso al ritmo del tambor, al ritmo del corazón central que el misterio mantiene en movimiento. Tejemos un sueño transparente que se ordena en una geometría sagrada. Somos parte de la savia fluida del Árbol Rojo, un cauce sin pausa cuyas raíces llegan hasta los huesos humanos y cuyas ramas exquisitas se asoman al exterior cerca de las fronteras de la piel, la hidratan y la hacen sensible. En equilibrio, todo el organismo sonríe mientras pesa hacia la tierra y flota hacia el corazón del cielo que late en nosotras y junto a nosotras con las alas extendidas.

Texto: Teresa Rodríguez.
Imagen: desconozco autor.

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