DANZA CHAMÁNICA FEMENINA

Mira lo que no se ve y está.
Danza la Luz propia,
aquella que permanece inmutable
a los cambios externos.

Esta luz es tu chispa.
Esta chispa es el amor.
En tu intimidad profunda
abrigo tu alma con mi manto eterno,
la nutro, la vivifico, la purifico.

Mira lo que no se ve,
hay algo que alumbrar,
hay algo que saber.
Deja que la claridad amanezca
suavemente, en ti.

Mira, hija mía,
esclarece lo oculto que permanece.
Danza la chispa del amor y la verdad.

Así habla la Virgen Negra a todas sus hijas amadas a través de la inspiración que albergo en mi y que también está en Ti.

Las prácticas chamánicas de feminidad sagrada se dirigen hacia la reconexión de la mujer con la naturaleza y con el movimiento de sus fuerzas elementales. La mujer de hoy necesita reconectarse por sí misma con la Matriz Original. Desde su nacimiento posee una conexión directa e ininterrumpida con el Gran Misterio a través de su matriz física y energética. La mujer da vida, alumbra la carne, y da continuidad a la vida en la muerte y también a la muerte en la vida.

Venimos con capacidades despiertas únicas y con un cuerpo sensible muy desarrollado. Cultivando la presencia en esos talentos podemos liderar un mundo más cooperativo basado en valores sostenibles y en la simplicidad maestra de las leyes de la naturaleza.

La mujer de hoy necesita conocer sus dones y aprender a hacerlos valer en el mundo de las formas, en la materia y en lo cotidiano, respetando el fluido del movimiento del Espíritu, el corazón de su propia naturaleza. La mujer necesita ponerse en pie, en círculo, amarse, fortalecerse y tomar la responsabilidad del poder matriz que gesta la vida y proporciona la continuidad al tejido de todas las relaciones.

La mujer necesita trascender el campo colectivo del odio, la culpa y la venganza que provienen de la destrucción vivida en el pasado individual y colectivo. Necesita trabajar la honestidad para decir amorosa y firmemente si cuando es si y no cuando es no, piensen lo que piensen los demás. Necesita habitar y celebrar su cuerpo tal y como es, entender el significado profundo de su sexualidad, respetarse y elevar su corazón para dar y recibir el amor que le corresponde y del que es merecedora como cualquier criatura alumbrada por la conciencia.

Mediante el trabajo de la feminidad consciente muchas de nosotras abrimos la posibilidad de crear un nuevo campo colectivo orientado hacia el equilibrio y la paz. Con amor, humildad, y también con firmeza, queremos ocupar con armonía el lugar sagrado que nos corresponde pulsando desde el corazón el llamado al fortalecimiento femenino y al equilibrio de nuestro ser y el de la Madre Tierra.

Este llamado nos lleva a ocuparnos de que el femenino no sea desplazado en nuestro interior por los valores patriarcales, pues durante siglos hemos cedido nuestro poder y nos hemos dejado guiar principalmente por varones y mujeres que replicaban esos valores en la mayoría de los ámbitos. Este desplazamiento, esta cesión del poder femenino, muchas veces ha llegado desde el exterior mediante el ejercicio de la violencia brutal y la sutil hacia la mujer, pero a menudo nosotras lo hemos permitido coartadas por el miedo a ser destruidas física, psicológica o espiritualmente. A veces este miedo ha venido por las amenazas a la integridad de nuestros hijos.

En el ámbito espiritual la trampa proviene a menudo de ceder la fe en nuestra luz propia a cualquiera que controle nuestro crecimiento espiritual o nos guíe con una información que “extrae” de nosotras, en lugar de ayudarnos a centrarnos en el infinito poder de nuestra matriz y de nuestra conexión directa con la Fuente. Para mi, el buen guía es el que te conduce hacia tu propia respuesta. La mejor respuesta es la que obtenemos y elaboramos por nosotras mismas desde la luz de nuestro cuerpo y nuestra alma conectada con Ella, la Madre Fuente, la Madre Compasiva.

De Ella en nosotras brotan los talentos y la comprensión de cómo utilizarlos. De Ella en nosotras salen las mejores recetas para nuestra vida y las mejores danzas. De Ella en nosotras nace la inspiración en su compasión sin fin, la información que necesitamos para crecer y desarrollarnos con belleza y amor en nuestro camino. De Ella, cuya chispa nos alumbra en cada óvulo y en cada célula, en cada latido del corazón, nace la hermosura de la creación perfecta. Y eso lo podemos plasmar en todas nuestras relaciones, en el mundo profano y en el mundo sagrado.

Con este rezo a través de la danza chamánica femenina ponemos la intención de despertar a la sabiduría interna por nosotras mismas, guiadas por los poderes femeninos que nos abren a la danza del yin y del yang de la mujer en la Matriz Original. La danza chamánica femenina, que nos hace receptivas a la sabiduría cíclica de la Abuela Luna y el cosmos, a la simplicidad y la belleza apabullante de la Madre Tierra, es sustentadora y reveladora de nuestros dones profundos, nuestros íntimos tesoros. Por nosotras mismas. Para nosotras mismas. Desde nosotras mismas hacia la red de la vida cósmica, hacia la tierra, la carnalidad y lo cotidiano. Por el amor y para el amor, imantando con él a Todas Nuestras Relaciones.

Así, con nuestra danza sagrada, establecemos una relación de respeto, gozo y amor con la naturaleza, con nuestro cuerpo físico, nuestras emociones, pensamientos y con el movimiento del Espíritu que unifica a todo bajo el Cielo. Nuestro bienestar y el pleno desarrollo de nuestras capacidades dependen de la alineación armónica de nuestros talentos plenos de belleza y amor con la disciplina necesaria para alumbrarlos en la vida cotidiana y en el mundo. Esto a menudo requiere simplicidad, procesos y pequeños pasos. En el acto creativo femenino, partimos a menudo de una mancha intuitiva hasta perfilar el detalle más exquisito. Y todo esto se hace grande, a medida que se completa y toma fuerza expresiva. Todo el proceso creativo de las pequeñas cosas se convierte en una canción que nos toma por entero y nos llena de danza, de vida vibrante. Es la grandeza en lo pequeño, y lo pequeño en lo grande. Es la grandeza de una matriz que alumbra belleza en el mundo cotidiano y en la expresión de nuestro arte. Y ese arte, esa danza natural que nos cuenta nuestras historias, guía nuestros pasos y nos permite abrir espacios nuevos en todos los ámbitos, es sagrado.

Texto: Teresa Rodríguez. © Todos los derechos reservados.

Imagen: Por favor, si conoces la autoría házmela saber. Gracias.

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