LAS LOBAS BLANCAS

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Late la sangre impulsando el silencio.
La piel del bosque se estremece
La voz de la manada llama a los vientos.
Las lobas responden, se enlazan, se sienten.

Oye mi canto, Madre, hermana, hija de mis entrañas… que oigan mi canto todas las criaturas, todos los seres que sienten, que vibre con mi voz toda la naturaleza, toda la creación. Que se levanten hasta los muertos, henchidos de nueva vida.

Escucha también tú, Padre, hermano, hijo, mi amante salvaje. Oye el aullido blanco que lanzo a la noche y retumba en el viento. Está lleno de fuerza enraizada en el amor. Siente la llamada de las lobas blancas que recorren libres la piel de la tierra, erizando con su canto hasta los últimos átomos del universo, enlazando sus almas a través del viento.

Lobas que amamantan a los hambrientos, que enseñan los dientes y muerden sin contemplaciones a aquellos que intentan apegarse a ellas, cuando deben recuperar por si mismos su fuerza salvaje para salir adelante. Lobas que ofrecen su cura de sangre caliente a los que tienen el alma rota, los gestan y los vuelven a parir con la delicadeza y la potencia de quien da a luz una vida frágil pero fuerte.

Siente, enlázate a la naturaleza infinita para cocer y parir la vida, potenciar el aliento interno que nos anima y que liga la vida y relaciona las almas en el mundo. Aúlla loba blanca, loba sabia, que tu esencia vibre a través de mi voz y la de mis hermanas. Loba anciana, respaldo del clan de las voces femeninas que reparten su sabiduría por el mundo.

Eres una chamana bella, dulce y a la vez salvaje y enérgica como la madre Naturaleza. Recorres los vientos de la existencia a lomos de la loba blanca que emana de tus huesos, de tu instinto, de la voluntad que nutre al amor incondicional, hijo de nuestra esencia.

Parimos hijos humanos, hijos energéticos, hijos-creaciones… nos parimos una y otra vez a nosotras mismas, nuestra vida es una creación constante. Aullamos con nuestra voz salvaje, anunciando la renovación infinita de un clan antiguo.

Limpiamos nuestras memorias de dolor, las devolvemos a la Madre Tierra, a la Madre Cosmos, nos vaciamos, cambiamos la piel, renacemos a un amor pleno con entrega total. Apoyadas en la sabiduria transmitida por las ancianas, transformamos esa memoria honrándola, y damos vida renovada a las generaciones que nos siguen para que recuerden que el caldero de la vida es infinito y que el amor que lo sustenta es incondicional.

Somos madres pero ante todo somos mujeres de mil formas, ligadas a una esencia sin forma de la que somos cuerpo, sangre y voz. Viajamos al corazón del silencio, para descubrir quién somos verdaderamente y nos alzamos sobre la tierra con fuerza para crear, cantar y expresar nuestra verdad de mil formas diferentes. Somos muchas y somos una sola, resonando con un mismo corazón que destila la luz de sus sombras desde el corazón de la Unidad.

Aúlla tu verdad, loba, que tu vibración llegue hasta los confines del universo, que sacuda los corazones que duermen para despertarlos a una realidad que se crea continuamente, que está hecha de amor. Aúlla y une tu voz a la de las lobas que danzan por todo el mundo tejiendo una obra nueva, abiertas, receptivas a la luz de la conciencia, al amor que nos llega desde el corazón que impulsa toda vida.

Texto: Teresa Rodríguez. 2009. Todos los derechos reservados.

Fotografía: Ignoro autor.

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