LUNA QUE DANZA

JessicaTremp

Este es el tesoro: Adherirte a lo que o a quien crece en amor y sabiduría, y a lo que y quien te ayuda a crecer. El hermoso e imperfecto tesoro está en aquellos que portan el verdadero ser, no importa su condición o circunstancias dentro y fuera de su control. Clarissa Pinkola Estés.

Luna que Danza fue como comenzó a llamarme hace ya muchos años un querido amigo. Desde su corazón solar percibió lo que ya se venía manifestando en mí como una sagrada unión entre el estudio del movimiento energético en las estructuras femeninas y de la danza en si. Me ayudó a ver la profunda magnitud de ese tesoro.

Esa unión fue por amor. Y ese amor dio muchos y fértiles frutos a lo largo de los años que vinieron. Sentí que él había podido sentir por entonces uno de los nombres de mi alma y uno de sus caminos de viento y plata. Este hombre siempre ha sido una fuente de inspiración para mi y le estoy muy agradecida por el amor con el que ha sabido verme, sentirme, potenciarme, comprenderme y nutrirme.

Entendí con el tiempo que ese camino de Luna que Danza se ramificaba en tres áreas principales: arte, educación y medicina, tres caminos tejidos de oro y plata que mi corazón despliega apasionadamente en esta vida entregada a vivir plenamente mi ser y compartir con todas mis relaciones el eterno manantial del amor.

El portal cíclico de la Abuela Luna

Muchas veces he visto la esfera de la luna llena como si nuestro mundo fuera oscuro y su círculo luminoso en el cielo fuese un agujerito por el que mirar a una dimensión hecha de luz blanca de la que sólo podemos ver un pequeño trozo. A veces la veía como si fuese una marea blanca e infinita que penetraba el cuello del útero nocturno iluminando algunos aspectos arcanos de la tierra del alma. Pero siempre podía palpar con mis sentidos que era un portal misterioso que muchas almas atravesaban hacia otros mundos en su peregrinaje de purificación. Y que la mía se activaba a menudo danzando en la noche en el camino hacia si misma.

Hay momentos en los que sentimos que habitamos dentro de una gran oscuridad y que la luz del alma que brilla y danza en nosotros queda ahí lejos, en otra dimensión, inalcanzable. Pero siempre hay personas queridas y a veces completos desconocidos que pasan por nuestra vida para sostenernos y recordarnos que esa oscuridad que vivimos es la del útero de la Madre Tierra, donde crecemos, podemos movernos y danzar con los sentidos afilados, como un embrión en la matriz materna. Los periodos oscuros pueden ser valiosos momentos de nutrición y crecimiento.

Esos ángeles que nos tienden la mano nos enseñan que esa luz que podemos ver y tocar desde la oscuridad es el mundo que se atisba más allá del cuello uterino, un destello de la realidad de nuestro ser a la que amanecemos cada vez que nos conectamos con nuestro cuerpo, con el aliento del corazón y la sabiduría de la que nuestra alma es portadora.

Esa sabiduría es cíclica y distinta en cada uno, pero ese mar de luz blanca con sus simas y valles es un portal al océano raíz al que pertenecemos todas las formas de vida sin distinción. Esa luz blanca que gobierna nuestras emociones, aguas y mareas potencia la luz de nuestros huesos, médulas y fibras de ADN en evolución, refrescándolos, lavándolos y renovando profundamente sus memorias. Esa luz blanca gobierna y mueve las mareas de nuestros cuerpos líquidos y emocionales equilibrándolos en el movimiento que los conduce a la quietud de la paz vital.

Agradeciendo los tesoros imperfectos de mi vida

Esta noche quiero enviar mi gratitud, mediante el espejo lunar que se alza una vez más en plenitud, a todas las personas que han sabido sentir mi corazón, amplificar amorosamente la dimensión blanca de mi ser viéndome, amándome y apreciando mi cuerpo sensible, reconociendo mi alma, el sentir de mi corazón, ofreciéndome una mano caballerosa o una mano de danzante hermana. Gracias por esas miradas de amor que devuelvo con la gracia de un cisne que nació en la Luna Llena y que en su vuelo entre mundos conecta con el néctar angélico que construye toda la vida y la sostiene en la danza eterna del silencio. Soy vuestro espejo lunar.

También quiero agradecer a aquellos encuentros con personas que han sabido hacerme ver la dimensión oscura de mi ser, a veces desde el amor y a veces desde el conflicto, pues en esta Matriz Primigenia de la Madre Noche todo se transforma y evoluciona en la alquimia sagrada que nos mueve. Y así, en la oscuridad del Manto de la Madre Divina, poblado de estrellas, nos deseo unos días plenos como ese espejo plateado que se alza en el cielo para recordarnos, una vez más, que somos seres completos abrigados e impulsados por la fuerza del amor.

Agua de Luna. Un pequeño ritual que puedes hacer.

Si ahora quieres conectar con el néctar medicinal de la Luna Llena, puedes colocar agua a la luz de la luna para que la Abuela te la bendiga con su recorrido circular en el cielo. Puedes beberla al amanecer en ciclos de tres tragos imaginando en cada uno de ellos que ese Agua de Luna, medicina lunar, nutre tu yin de riñón y tu matriz, lava tus células y activa las memorias de eso que no ves en este momento y necesitas saber.

Confía en la medicina de la Luna, la Abuelita sabe dar paz a un alma agitada y dinamismo a un alma que se ha detenido más tiempo de la cuenta o se ha estancado. Potenciarás la impregnación de esa agüita poniendo cerca o dentro de ella cuarzos blancos y/o selenita o piedra luna, así como tu propio rezo, tu propia bendición.

Las aguas planetarias necesitan de nuestro rezo para restablecer su equilibrio. Todo lo que hagas para ti por favor, dedícaselo también a las aguas de nuestra Madre Tierra. Ellas son nuestro sustento para la vida y la ambición humana las corrompe y desvía de sus cauces naturales más allá de la sostenibilidad y el equilibrio.

La naturaleza de la vida es la Danza. Si quieres entrar en su magia mira al cielo en estos días e invoca a la Luna Llena que Danza en Ti. Déjate llevar con pasión hacia tu alma y que la Gran Madre te colme de paz y bendiciones en este sagrado movimiento. Feliz danza. Seguimos creciendo juntos.

Texto: Teresa Rodríguez

Fotografía: Jessica Tremp

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