HACIA UN CUERPO RESPIRADO

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El amor es atención.
La atención abre la posibilidad
de un encuentro amoroso.

Este encuentro amoroso puede ser
contigo mismo, con otro, con el espacio.

Mónica Valenciano
(Premio Nacional de Danza 2012)

Un cuerpo pausado es un cuerpo respirado. Un cuerpo respirado es un espacio abierto mediante la atención amorosa para que el movimiento que ya está sucediendo pueda tener un vuelo cíclico de expresión en la dirección que queramos darle. Un cuerpo respirado es un cuerpo consciente, con independencia de la velocidad a la que estemos danzando.

Para algunos creadores el territorio de los músculos representa un lugar de dualidad, lucha, conflicto, donde la mente se agita a veces como un mar embravecido. La cualidad primaria de los músculos es crear movimiento mediante su pulso. Es el territorio de la acción, del HACER, del yang.

Desde este punto de vista también podemos observar cómo el territorio de los huesos es un terreno de paz, despejado y silencioso, donde todo simplemente está. La cualidad primaria del esqueleto es sostener y sin la ayuda de los músculos y tendones no puede moverse. Por eso decimos que es un territorio de quietud, del NO HACER, del yin, desde el punto de vista taoísta.

Es útil observar si esto es así o no para ti y cómo se manifiesta en tu danza para aprovecharlo como una herramienta de creación. Puedes mirar qué supone moverte desde estos lugares yin/yang a nivel físico, emocional y energético, si te recargas o te descargas y cuándo quieres utilizar todo esto en la relación contigo mismo, con los demás, con el grupo o el espacio.

Para mi, el movimiento orgánico emerge a menudo desde la atención amorosa hacia la consciencia del esqueleto, el peso corporal y una respiración consciente. El sostén que ofrecen el suelo y el esqueleto permiten relajar la musculatura periférica y danzar desde el centro. Cuando el esqueleto emerge en la conciencia corporal, el movimiento y la acción dirigida nacen desde la quietud. La danza deviene un lugar nutritivo de paz mental y recarga, aunque las emociones se muevan, pues podemos permitirlas e incluso celebrarlas dejándolas pasar.

Para eso necesitamos, en primer lugar, admitir el espacio de la quietud, invitarlo, poner nuestra intención y atención amorosa en aprender a descubrirlo. Después, conectar con las sensaciones corporales y la consciencia en el esqueleto, creando espacios respirados de relajación y anclajes que sostengan el movimiento corporal.

Cuando podemos percibir las corrientes del movimiento que se están creando por si mismas, podemos decidir si aprovechamos o no estas dinámicas que están surgiendo. Vemos para qué nos sirven, a dónde nos llevan, y si queremos que formen parte del esbozo de nuestra partitura. La conciencia en cada transición de los movimientos es un entrenamiento que nos posibilita memorizar esos lugares por los que pasamos por si queremos rescatarlos, recuperarlos y explorarlos después más profundamente.

Respirar y dejar emerger es fluir. Regresar a lo esencial, también es fluir. Cuando sufrimos más que gozamos el proceso creativo a menudo viene bien soltarlo todo y volver al territorio del no-hacer, volver al silencio, pues la mente ha entrado en el juicio y el conflicto estéril que sabotea nuestra creatividad. A menudo, lo simple y claro es lo más efectivo. Nos hace mostrarnos libremente en lugar de escondernos. El silencio muestra, la quietud enseña y desde ellos podemos respirar y dejar que se abran nuevos espacios y movimientos, sosteniendo la atención amorosa hacia todo lo que ocurre.

En resumen, escuchando nuestro cuerpo, la respiración y la intención, podemos seguir cada movimiento en su espiral de expansión, culminación y regreso, desde lo individual a lo grupal, desde lo físico y emocional hasta los aspectos más sutiles del ser. Podemos acceder gozosamente a movimientos nuevos y deshacer un bloqueo creativo partiendo desde el silencio y regresando a él, continuando la escucha en nuestra danza. De esta forma podemos atestiguar los movimientos que surgen y desaparecen en el espacio creativo, las historias, las emociones, los personajes y dejar que sólo quede la DANZA.

Texto: Teresa Rodríguez.

Fotografía: “Cuerpo de Luna” © Emilio Tenorio.