MENSAJE PARA EL DIA INTERNACIONAL DE LA DANZA 2014

mourad_merzouki

Cada artista tiene el orgullo de su arte.
Cada artista defenderá siempre el arte cuyo contacto le ha estremecido. Por lo que ha buscado y perdido es por lo que tiene el intenso deseo de compartir.

Es el eco de una voz, la escritura encontrada, la interpretación de un texto que ofrece a la humanidad, la música sin la cual el universo deja de hablarnos, el movimiento que abre las puertas a la gracia. Yo tengo por la danza el orgullo del bailarín y del coreógrafo, pero también un profundo agradecimiento. Ha sido mi oportunidad. Se ha convertido en mi ética por la nobleza de su disciplina. Ella es por lo que cada día descubro el mundo.

Profunda dentro de mí como ninguna otra, me anima cada día con la energía y la generosidad que le son propias. Su poesía me tranquiliza. ¿Puedo decir que yo existiría sin la danza? ¿Sin la capacidad para expresarme que me dio? ¿Sin la confianza que he encontrado para superar los temores, escaparme de los malos caminos?

Sumergido gracias a ella en la belleza y en la complejidad del mundo, me hice ciudadano, ciudadano singular reinventando los códigos en el transcurso de los encuentros, fiel a los valores de la cultura hip hop que transforma la energía negativa en fuerza positiva.

La danza es a diario una cuestión de dignidad. Pero yo vivo esta dignidad preocupado. Constato la pérdida de puntos de referencia, la incapacidad para imaginar su futuro por parte de los jóvenes procedentes de barrios pobres que crecieron en la frustación y la tensión. Soy uno de ellos, todos somos ellos. Estoy animado, quizás más que otros, a dar ejemplo, para ayudarles a enfrentarse a la vida.

¿La sociedad no se hace más rica con la riqueza de cada uno de nosotros? La Cultura más que otro discurso, une. Ten valor, asume riesgos, a pesar de los obstáculos y el odio a los que sin duda te enfrentarás, la belleza del mundo siempre estará a tu lado. Como la danza lo ha sido para mí. Con su fuerza singular que hace desaparecer las distinciones sociales, las ligadas a nuestros orígenes, dejando el movimiento de los cuerpos en su más simple humanidad, seres humanos vueltos a su expresión más simple, singular y común. Finalizo citando las palabras de René Char, que me recuerdan cada día que no debemos dejar que nadie nos encierre en un rol ya escrito:

“Impón tu suerte, encierra tu felicidad y ve hacia tu riesgo. Al mirarte, se acostumbrarán”.

¡Inténtalo, equivócate y comienza de nuevo, pero sobre todo baila, jamás dejes de bailar!.

Texto: Mourad Merzouki

Traducido por Dolores Mayán

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