ENTRAR EN LA PERIMENOPAUSIA

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En el periodo de la perimenopausia la mujer se da nacimiento a si misma.

Parece que el lado lógico del cerebro se duerme un rato como para obligarnos a ser más intuitivas y a sintonizar más con nuestras emociones y nuestra sabiduría interior. El cerebro se reorganiza para pensar de una manera totalmente nueva.

La sabiduría de la menopausia. Christiane Northrup

Primeros síntomas

Los primeros síntomas de la menopausia pasan muchas veces desapercibidos. Este periodo y el que le sigue no gozan socialmente, a grosso modo, de una gran estima. Por eso es muy posible que vivamos o hayamos vivido los treinta y muchos y los cuarenta y pocos sin preocuparnos demasiado por este asunto.

Los primeros síntomas aparecen en nuestro cuerpo físico, mental y emocional como de puntillas, como gotas de lluvia de un breve chubasco, quizás una breve tormenta. Pasan y no les damos más importancia hasta que vuelve a llover. Pasan y los descuidamos hasta que la lluvia se vuelve más y más constante. Pasan y pasan,  hasta que nos calamos hasta los huesos. Muchas veces nos cogen desprevenidas sin habernos informado, sin entrenar previamente cómo cabalgar las olas vitales y emocionales, sin visitar desde hace tiempo nuestro pisito en el Inframundo. Nos pescan sin haber abierto los ojos a la raíz misteriosa que impulsa la entrada de uno de los periodos más importantes y lleno de contrastes de nuestra vida.

Las señales pueden percibirse mucho antes de tener las primeras faltas, prolongaciones del sangrado o hemorragias en el ciclo menstrual, según los casos. A menudo se manifiestan como una especie de síndrome premenstrual constante e in crescendo: hipersensibilidad física y emocional, bloqueo, ira, depresión, confusión mental, sofocos, falta de memoria, ansiedad, insomnio, irregularidades en la sensibilidad corporal y el apetito sexual… y una necesidad de escuchar nuestro ritmo interno, quizás pasar tiempo solas y cuidarnos amorosamente.

El funcionamiento del sistema hormonal es algo muy delicado y sutil. Su respuesta a lo largo de la vida depende de la química interna y de las reacciones hacia las sustancias y los ritmos que introducimos en nuestro cuerpo mediante la respiración, los alimentos, pensamientos y nuestros hábitos de vida. Ahora, más que nunca, es importante cuidar la calidad del medio interno y externo, nuestras relaciones y todo lo que incorporamos a nuestro sistema.

Portal iniciático y revolución

Al igual que los equinoccios en la naturaleza, nos enfrentamos a un periodo de grandes cambios que, aparentemente, no igualábamos en magnitud desde nuestra infancia, adolescencia, embarazos, partos y primeras crianzas. Como sucede durante estos momentos iniciáticos de la mujer, el equilibrio en este tiempo es más frágil, las emociones inestables, la mente lógica se encuentra a veces ofuscada, y la ansiedad palpita bajo nuestra piel. Sin embargo, el temple anida en la información de nuestras médulas, generadoras de una nueva sangre. La forja proveniente de las transformaciones cíclicas que han sucedido en nuestro proceso vital nos ofrece un firme centro, un arraigo silencioso desde el que poder actuar como una roca frente a la tempestad.

¿Es necesario llegar hasta el punto de ahogarnos para ocuparnos de esta revolución? ¿Podemos ser conscientes de este misterio que nos avisa primero en susurros y después a gritos de que estamos ante un gran portal iniciático? Todos los signos anuncian una gran revolución integral en la vida de la mujer. La hipersensibilidad aumenta nuestra capacidad física de placer y dolor, lo que variará nuestra vida sexual, centrará nuestro enfoque hacia lo que queremos plasmar en la vida cotidiana, y nos ayudará, en el mejor de los casos, a dedicarnos a manifestar el impulso del alma sin dejar que las dudas y los miedos paralicen nuestros procesos.

Nuestra sociedad, desequilibrada en su gestión del mundo natural y sus procesos, nos ha enseñado a temer este periodo por múltiples razones relacionadas con el control de lo femenino y su orientación hacia valores como la eficacia, el consumo, la productividad y el éxito en los resultados, en lugar de educarnos para sostenerlo y pasarlo de la forma más rica y amorosa posible. Muchas transmisiones escritas se centran en los síntomas y en todo lo que vamos a perder, en la cantidad de arrugas que estirar, en el deterioro que va a suceder, en lugar de ofrecer modos de practicar una preparación consciente que acompañe la raíz de las desarmonías vitales de manera real, con sus luces y sombras, y a aprovechar la madurez y la sabiduría en el proceso creativo.

A nivel creativo los periodos de revolución son etapas ricas en contrastes. La información oculta sale a la luz y es una oportunidad dorada para conocer realmente el material almacenado en la trastienda, sanarlo, aprovecharlo para potenciar nuestros dones y transformarnos. Estamos hipersensibles y a la vez embotadas, sentimos, sentimos, sentimos. A veces nos juzgamos negativamente. Vivimos un momento frágil y vulnerable, perfecto para desenmascarar nuestras voces internas que hablan desde nuestras heridas o desde nuestras fortalezas quizás sin descubrir. Es un periodo muy útil para conocerse realmente, pleno de material para crear, donde la inestabilidad puede ser un gran valor, aunque a menudo no se enfoque así.

“Te quedarás seca”

A muchas de nosotras nos han dicho alegremente que nos quedaremos secas. Este miedo ha aparecido en muchos de mis cursos y puede producir profundas movilizaciones. A veces  se recibe mediante una opinión externa, incluso en una broma, otras veces la mujer recibe la información a través de una voz interna que capta el inconsciente colectivo. A mi me parece una afirmación brutal. No olvidemos que estamos en un momento hipersensible y vulnerable.

Si, perdemos yin y jing, y debido a ello aparecen síntomas de calor y fuego encontrando salida de alguna forma en el sistema. Si, los ovarios se van reduciendo, disminuye la producción de algunas hormonas, la piel pierde humedad y tersura, y el sangrado desaparece. Signos de muerte, pues la muerte nos seca. La mujer, hipersensible en este momento, y en estrecho contacto con la realidad de la vida/muerte/vida, va a recibir esta información profundamente, en todos sus planos.

Te vas a quedar seca. Seca en tu cuerpo. Seca en tu vida amorosa. Seca en tu vida emocional. Seca en tu vida social. Seca en tu sexualidad. Si la mujer que recibe la información está habituada a sacar partido de la introspección o de los procesos de investigación artística, puede ser interesante observar con neutralidad qué emerge de todo esto, para desactivar y sanar la herida. Pero si  esto mismo se le dice a una mujer que no ha practicado ninguna forma de meditación o arte consciente en un momento vulnerable y sensible, esta afirmación puede ser devastadora. Así que por favor, pongamos más conciencia en nuestras palabras a la hora de acompañarnos en este tiempo y centrémonos en soluciones prácticas para nutrir el yin y el jing, ayudando a equilibrar el sistema en su transición hacia un periodo completamente nuevo, nutritivo y constructivo.

Vulnerabilidad

Este periodo no tiene por qué ser un periodo difícil, aunque a veces se manifiesta con muchas incomodidades. Puede ser portador de un conocimiento sutil exquisito, lleno de poder o bien de pruebas para desarrollarlo. La sabiduría y la libertad de la Baba Yagá, de la vieja bruja, puede llegar a ser nuestra constante si durante la que yo llamo Edad Roja hemos llevado la conciencia a nuestros ciclos y hemos aprendido a cuidarnos. La premenopausia es, en cierto modo, un periodo iluminador que desvela el núcleo interno de lo que somos. Podemos vivir desde ese misterio ingobernable y descubrir, ahora más que nunca, cómo limpiar el camino de los obstáculos que nos impiden desarrollar el territorio del alma y simplemente ser.

Muchas tenemos miedo al deterioro del envejecimiento, a no ser deseables, o quizás útiles y capaces. Muchas tenemos miedo de la vulnerabilidad porque en una sociedad de consumo orientada al placer como producto se nos ha enseñado a temer el dolor y las molestias que pueden aparecer en lugar de ir con esos impulsos sin juzgarlos como malos y ver dónde nos llevan.  Tenemos miedo porque no nos enseñaron que la vulnerabilidad es la raíz de la conciencia, el estado primordial del ser humano, heraldo de una fuerza vital sin máscaras. Tenemos miedo porque no aprendimos qué hacer con todo esto. Y menos aún a compartir el hecho de que no lo sabemos. Esta sociedad tan aparentemente comunicada propone sin embargo una desconexión del cuerpo, de las relaciones humanas íntimas, en carne y hueso. Las pautas sociales nos llevan a ignorar cómo contener periodos importantes como este en nosotras y en las demás.

El Tiempo de las Abuelas, tiempo del alma

En muchas de las antiguas civilizaciones las ancianas se ocupaban de instruir y acompañar a las mujeres en todos sus ritos de paso. Las mujeres del Tiempo de las Abuelas nos transmitían cómo gestionar nuestra transición desde la muerte del periodo dominado por los ciclos de la sangre al nacimiento de algo nuevo. Muchas de nosotras vivimos la espera y llegada de la menstruación fascinadas por un misterio que se encarnaba en nosotras. Atravesamos ese portal que nos unía a las mujeres adultas y a muchas más cosas. ¿Por qué no somos capaces de vivir la fascinación hacia el mismo misterio que vuelve el potencial fértil de la sangre roja en sangre sabia? Las abuelas nos enseñaban la medicina de la Mujer Sabia.

Es un periodo, pues, que no debemos tomar a la ligera, sino vivirlo con conciencia. Darse cuenta de los diferentes estados por los que atravesamos debido al juego de deficiencias y aparentes excesos hormonales y utilizar los medios naturales a nuestro alcance para equilibrar nuestro estado emocional, físico y mental. A veces será fácil navegar por estas aguas bravas que nos brindan verdaderas oleadas de energía, a veces tendremos que gestionar la dureza del estrés al volvernos excesivamente yang, pero tenemos herramientas para hacerlo. Ahora más que nunca es vital ocuparnos de nosotras mismas, tal y como lo hemos hecho de los demás en nuestro acompañamiento. Dos de las claves son la conciencia y la responsabilidad sobre el propio proceso, dedicándonos el tiempo y el espacio como lo hemos hecho desde nuestro aspecto “Madre”, sea como sea que lo hayamos desarrollado.

Aquí estamos las mujeres que regresamos para investigar, acompañar y profundizar en el conocimiento que se ha pretendido olvidar. Aquí estamos las Mujeres En-Pie, recordando, transmitiendo, compartiendo en círculo nuestras vivencias para reconocer nuestro ritos de paso, nuestras transiciones naturales propias de nuestro género, nuestros talentos y dificultades, nuestros momentos cruciales y sagrados que la sociedad se empeña en pasar por alto o eliminar.

Desde aquí te invito a compartir y comentar ¿cómo fue o está siendo para ti el periodo de acercamiento y cruce de este portal? Por favor, cuéntanos tus sensaciones y vivencias. Tu voz es bienvenida.

Un gran abrazo lleno de plenitud femenina desde el Umbral.

Texto: Teresa Rodríguez.

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Una respuesta a “ENTRAR EN LA PERIMENOPAUSIA

  1. he vivido cierta inestabilidad emocional que no relacione con el proceso.. los calores me han gustado… creo que esta muy bien vivirlo sin medicaciones hormonales. me siento bien. gracias por recordarme con no me seco 🙂
    lo duro es lo que cuesta aceptar y disfrutar de la sangre menstrual y una vez hecho se va. Gracias y besos

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